Equipo profesores yoga Sabadell

Sònia París

Soy alumna de Yoga Iyengar, Vinyasa yoga y meditación budista. La fusión de estas tres prácticas hacen que mis clases sean originales, dinámicas, profundas y meditativas. Cada clase es una oportunidad para aprender a coneixa’t y buscar el equilibrio entre cuerpo y mente, a partir del respeto y la escucha del cuerpo.

Después de pasar 7 años trabajando en el mundo de la publicidad, llevando un ritmo de vida estresante decidí apuntarme a yoga, aquella decisión me ayudó a ver que no era feliz y que necesitaba hacer un cambio de rumbo. Asimismo empecé a estudiar la carrera de educación social y después de practicar yoga y meditación varios años, decidí formarme como profesora de Yoga Integral en el centro Yoga Integral Mahashakti (1000 horas)

Más adelante, decidí viajar a la India, Tailandia y Birmania por segunda vez (el primero había sido hacía unos seis años) y seguir conociendo y aprendiendo diferentes estilos de yoga con maestros reconocidos como Usha Devi en Rishiquehsh como también al ashram Sivananda Yoga en Kerala. He vuelto a la India más adelante y he podido seguir conociendo más profesores en Pune, Bombay, Kerala. Como también he seguido formándome en escuelas de Barcelona como el Yoga and Yoga, Raja Yoga con Andrei Ram, Yin Yoga, Yoga restaurativo, Yoga Nidra.
La práctica meditación budista desde hace 10 años me ayuda a llevar un toque especial a las clases. Me ayuda a entender aún más el funcionamiento de la mente y tener más recursos para aprender a calmar y aquietar la mente.

Con intención de seguir formándome y aprender agradezco a todas las personas, alumnos, maestros, profesores que me inspiran, me motivan para seguir creciendo y profundizando en la práctica. Gracias de todo corazón.

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Oriol Vallverdú

Entre todas las razones que tuve en cuenta a la hora de escoger la universidad donde finalmente decidí estudiar, había una que me motivaba especialmente y brillaba con luz propia: el quinto y último año de mis estudios podría realizar un intercambio universitario en la India.

Visto con perspectiva, podría haber cursado la carrera en cualquier otra universidad y en terminarla hacer mi viaje a la India. Pero la vida siempre tiene un plan para ti y, como no, este era mi …

Durante la carrera, de ADE, me apasionaba la lectura de libros de “descubrimiento del sí mismo” siendo tal mi interés que muchas veces sentía que eran más las horas dedicadas a este tema que a los “negocios”.

Y llegó el quinto año y el sueño se cumplió. Pasé dos meses “estudiando” 3 asignaturas 3 días a la semana en una universidad perdida en medio de la India y aprovechando todos los días que tenía libres para explorar nuevas ciudades junto con los pocos otros estudiantes de intercambio y algún estudiante indio que siempre apuntaba para enseñarnos ya la vez descubrir a nuestro lado.

En aquellos momentos, la espiritualidad me fascinaba y tuve la suerte de visitar ciudades mágicas como Varanasi y de participar en la Kumbh mela de Allahabad, el festival religioso más grande del mundo que congrega hasta 7 millones de peregrinos venidos desde todos los rincones de la India.

A pesar de mi interés por la espiritualidad, terminé mi intercambio sin haber tenido ninguna experiencia directa con el yoga, este increíble regalo que hace milenios nos ofrecieron los sabios de la India pero que a mí todavía me quedaba una poco lejos. Pero justo al acabar la universidad decidí ir a visitar Rishikesh, un pequeño pueblecito a los pies de los himalayas que está considerado la capital mundial del yoga. Allí sólo pasé 3 días y no realicé ninguna clase de yoga a pesar de su increíble oferta, pero la semilla ya estaba plantada y la idea de terminar mi quinto y último mes en Rishikesh practicando y descubriendo el yoga no me abandonó desde que salí de este pequeño pueblo.

Así pues, después de dos meses de viajar por el sur de la India, volví a Rishikesh con la intención de conocer y entregarme a esta magia del yoga.

Y me dejé fluir, y ya sabes … el río de la vida me llevó por sus caudales para hacerme vivir experiencias que me fascinaron y cautivaron. Pronto conocí un maestro que me inició en hatha yoga y del que aprendí a pasos agigantados. Me dedicaba todo el día en la práctica del yoga y en mis tiempos libres conocía gente fascinante de todas las partes del mundo que me iban aportando un gran conocimiento adicional.

Durante este mes viví como mi cuerpo se abría y se flexibilizaba pero mucho más mi alma y mi corazón, llevándome a sentir estados que para mí eran totalmente nuevos y difíciles de comprender pero que a la vez integraba y vivía con ilusión y sin ningún tipo de miedo.

Y pasó el mes y con la felicidad de aquel que ha cumplido un sueño y con la seguridad de que éste continuaba en casa, volví a Sabadell. Estaba increíblemente feliz de volver a casa y estar con los mios pero tenía miedo de no poder encontrar un maestro del nivel de los que había conocido en Rishikesh. Y nada más lejos de la realidad, porque siempre que quieres algo desde el corazón, siempre, la vida te lo lleva; y allí estaba la Rosa, mi maestra, a tres esquinas de casa de mis padres.

A su lado he seguido mi práctica de yoga durante 9 años. Una práctica poco enfocada al nivel físico pero sobre todo en la experiencia, en el vivir el aquí y el ahora, al conocerte, mirarte e intentar saborear eso que realmente eres.

Durante estos años también he estado ocupado con un proyecto de marketing online que al principio me motivaba pero que poco a poco me fue atrapando en una zona de confort en que sólo sentía como el tiempo iba pasando y yo no disfrutaba.

Costó mucho, pero después de 9 años de mi primer viaje a la India y llevando una vida cómoda pero que no terminaba de llenarnos, al final decidimos con Sonia dejarlo todo y volver a hacer un largo viaje en la India, Tailandia y Birmania para intentar reinventar nuestras vidas a la vez que profundizar en el yoga y en la espiritualidad.

No sabíamos dónde nos llevaría el camino pero confiábamos como siempre en la vida y ésta no nos defraudó ofreciendo experiencias alucinantes.

Durante este viaje, surgió en mi interior unas ganas crecientes de transmitir el conocimiento que he aprendido en el camino espiritual y es por eso que junto a mi alma gemela decidimos empezar este proyecto de La Porta Verda en que buscamos que la gente se sienta como en casa y que aprenda el yoga a nuestro lado.

Tengo el título de profesor de yoga Ashtanga Vinyasa yoga certificado por la Yoga Alliance en la formación dirigida por la Andrea Bourget y ejecutada a la perfección por Ricardo y actualmente sigo formándome con el Santiago Pinto en la escuela Sarria Yoga Asana aparte de formaciones puntuales y, sobre todo y más importante, haciendo una práctica personal diaria.

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